PLO: el control del bote en el pre-flop

28 enero 2011

El Omaha es un juego en el que, mucho más seguido que en el Holdem, nos encontraremos haciendo all-in sin tener más que un proyecto de mano. También veremos, más que en Holdem, fracasar grandes manos.

Los factores más importantes a tener en cuenta en Omaha son la posición, el tamaño del stack propio y el de los rivales, y el tamaño del bote. La posición no es algo que podamos controlar; el tamaño del stack tampoco se puede manejar; pero es imprescindible controlar el tamaño del bote.

La modalidad más habitual de Omaha es Pot Limit. Para controlar el bote en forma eficaz en el pre-flop debemos saber cuándo hacer la tercera apuesta y cuándo no. La tercera apuesta en PLO significa, en general, que un jugador ha subido con una apuesta del tamaño del bote y otro ha re-subido esa apuesta. Con una tercera apuesta contribuimos a crear un bote manejable en el pre-flop.

Para saber cuándo hacer esa tercera apuesta y cuándo no debemos tener en cuenta 3 aspectos. El primero son las cartas que tenemos en la mano; el segundo el tamaño de los stacks de la mesa; el tercero es nuestra posición.

En posición temprana, como las ciegas, hay muy pocas manos con las que haremos la tercera apuesta, ya que la posición es una gran desventaja. Armar un bote fuera de posición puede hacernos meter en problemas si el board no nos resulta favorable. Pero si somos el short stack de la mesa la situación cambia: si estamos en condiciones de comprometer 2/3 de nuestro stack podemos hacer la tercera apuesta, siempre que nuestra mano sea muy fuerte (como Ases o conectores altos del mismo palo).

En posición tardía es diferente porque podemos hacer la tercera apuesta con un rango de manos bastante amplio, especialmente en juegos short-handed. Esto nos permitirá muchas veces aumentar el bote y nos da más posibilidades de ganar.

Si alguien hace una cuarta apuesta, la mayor parte de las veces se tratará de un error del rival. Tenemos, entonces, distintas opciones: podemos ver, si nuestro stack lo permite, y la posición nos acompaña. Podemos subir la apuesta si tenemos una mano excelente, e incluso hacer all-in. Las manos débiles deberán abandonar antes ese embate, especialmente si no tienen posición (lo que demuestra que la cuarta apuesta fue un error).

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